La reconfiguración de ciudades consolidadas se ha convertido en uno de los mayores desafíos del urbanismo contemporáneo. A diferencia del desarrollo de nuevos territorios, intervenir en urbes densas y maduras requiere comprender los límites físicos, la capacidad de sus sistemas y la coordinación entre múltiples actores públicos y privados. En palabras de Zubran Solaiman, director de Industria Estratégica, Ciudades y Campus de Bentley Systems, “transformar una ciudad existente es mucho más complejo que construir desde cero”.
El especialista explica que los proyectos brownfield, es decir, aquellos que se desarrollan en zonas ya urbanizadas, enfrentan un obstáculo recurrente: la infraestructura antigua y la falta de registros técnicos confiables. “En muchos casos no hay documentación sobre tuberías, cimentaciones o cableados. Si existen datos, suelen estar en sistemas GIS, pero esos formatos eliminan la inteligencia de ingeniería”, advierte.
Esa carencia de información genera riesgos de seguridad, sobrecostos y retrasos, ya que las obras deben lidiar con elementos invisibles bajo tierra o estructuras preexistentes que no fueron consideradas en la planeación inicial.
Diagnosticar antes de intervenir
El primer paso, señala Solaiman, es inventariar los activos existentes. Gracias a tecnologías accesibles como drones, inteligencia artificial y modelos 3D, es posible construir réplicas digitales de la ciudad que permitan identificar carreteras, vegetación, cuerpos de agua o redes de servicios. Estas herramientas facilitan la planeación urbana al mostrar cómo una intervención afectará su entorno inmediato y permiten anticipar fallas o sobrecargas en los sistemas.

Tener una radiografía completa de la infraestructura también ayuda a decidir si una ciudad puede seguir creciendo o si, por el contrario, necesita optimizar lo que ya tiene. “Muchos planes urbanos se formulan sin revisar si los sistemas pueden sostener el incremento poblacional. Incluso en Inglaterra hay pueblos que siguen construyendo sin considerar si habrá escuelas o maestros suficientes”, ejemplificó el directivo.
La desconexión entre planeación urbana y servicios básicos puede derivar en problemas estructurales que después resultan más costosos de corregir.
Los límites del crecimiento urbano
Determinar hasta dónde puede crecer una ciudad no depende únicamente del número de habitantes o de la altura de los edificios. Según Solaiman, el verdadero límite está en la capacidad de los sistemas eléctricos, hidráulicos y de saneamiento. “Las ciudades tienen un punto máximo de soporte que no depende de cuántos pisos se puedan construir, sino de la energía y el agua disponibles”, explicó.
Cada zona cuenta con un margen físico y técnico definido por los gigavatios de energía que puede distribuir o los litros de agua que su red puede transportar sin colapsar. A ello se suman los sistemas de movilidad, que condicionan la densificación posible y determinan la viabilidad económica y social de una intervención.
Las herramientas digitales permiten visualizar estos límites mediante simulaciones de inundaciones, mapas satelitales o modelos de calor urbano. Sin embargo, Solaiman subraya que más allá de la tecnología, la clave está en el financiamiento y la gobernanza: sin coordinación institucional, los proyectos urbanos pueden fragmentarse o detenerse.

Tecnología y colaboración para ciudades sostenibles
Reconfigurar una ciudad no solo requiere tecnología avanzada, sino también una gestión pública eficiente. Los entornos digitales conectados, que integran modelos BIM, GIS y documentos de ingeniería, reducen hasta 30% el tiempo destinado a buscar y validar información.
Estos sistemas integrados permiten una colaboración fluida entre ingenieros, arquitectos y autoridades, evitando duplicidades y errores. Además, agilizan el paso de la construcción a la operación, ya que la información generada durante las obras puede transferirse directamente a los sistemas de gestión de activos.
Solaiman recordó casos como el del aeropuerto de Heathrow, donde la falta de datos integrados retrasó su apertura por meses. “Cada ciudad es distinta, pero los parámetros son simples: energía, agua, sostenibilidad y economía”, concluyó.
En un contexto donde las urbes del mundo buscan modernizarse sin expandirse, la clave no está en construir más, sino en conocer mejor lo que ya existe.