La Ciudad de México atraviesa un momento decisivo en materia de planeación. Después de décadas de aplazar reformas, la capital se encuentra en una fase de transformación institucional con la elaboración del Plan General de Desarrollo (PGD) y el Programa General de Ordenamiento Territorial (PGOT), instrumentos que establecerán las reglas para el desarrollo de la ciudad durante los próximos 15 y 20 años.

Estos documentos —actualmente en proceso de consulta pública— buscan atender rezagos acumulados en infraestructura, gestión del agua, desigualdad territorial, movilidad y acceso a vivienda. Al mismo tiempo, el Estado de México inició mesas de diálogo para actualizar su normatividad urbana, lo que subraya la necesidad de una visión metropolitana articulada.

Hacia un sistema de planeación que apenas comienza a consolidarse

El PGD establece prioridades estratégicas para los próximos 20 años y determina cómo se orientarán proyectos e inversiones públicas. A partir de él se desprende el PGOT, que fija criterios de ordenamiento territorial, densidades y usos de suelo. Ambos documentos fueron construidos bajo un marco legal definido desde la Constitución de 2017, pero que avanzó con lentitud por falta de estructuras completas y retrasos en su implementación.

Hoy, la capital cuenta con una propuesta de PGD publicada, un consejo ciudadano activo y un directorio técnico operativo. Para organizaciones como Ruta Cívica, este avance marca la primera vez que se realiza un proceso abierto y prolongado, con oportunidades reales para incorporar observaciones de especialistas, colectivos y ciudadanos.

Sin embargo, la efectividad del sistema dependerá de cómo se integren las aportaciones y de que los planes no se queden únicamente en documentos con buenas intenciones, una crítica señalada por especialistas como el arquitecto Eduardo Gorozpe.

Los retos urbanos ya no pueden esperar

Los diagnósticos oficiales del PGD y el PGOT señalan una serie de desafíos que se han acumulado durante décadas y que hoy amenazan el funcionamiento de la ciudad:

Para Bernardo Farill, urbanista y exconsultor del BID, estos instrumentos representan una oportunidad para guiar decisiones de largo plazo. Pero advierte que la ciudad “no se planea desde cero”, sino sobre una estructura urbana construida durante siglos, con dinámicas orgánicas que no siempre coinciden con las reglas formales.

Agua y suelo: los factores de mayor tensión

El componente hídrico es uno de los ejes más críticos. Tanto el PGD como el PGOT reconocen la urgencia de garantizar el abastecimiento de agua en el largo plazo. Los especialistas coinciden en que sin infraestructura hidráulica robusta y mantenimiento constante, cualquier estrategia de planeación queda incompleta.

Asimismo, la gestión del suelo es un desafío histórico. La ciudad carece de mecanismos claros para generar áreas verdes, recuperar espacio público o impulsar vivienda accesible. Gorozpe señala que las decisiones sobre zonificación inciden directamente en el encarecimiento del suelo, lo que termina impactando el costo de la vivienda para las familias.

Proceso participativo: la legitimidad aún está en construcción

El Instituto de Planeación Democrática y Prospectiva (IPDP) habilitó una consulta amplia con talleres, foros y plataformas digitales para recibir propuestas. La integración de estas observaciones será clave para legitimar los documentos finales.

Para especialistas como Mónica Tapia, el reto no es publicar los planes, sino convertirlos en instrumentos funcionales, articulados y con mecanismos claros de implementación.

Un desafío metropolitano compartido

Aunque el PGD aplica solo a la capital, el funcionamiento real de la zona depende de su interacción con los municipios mexiquenses. Por ello, la actualización del marco urbano del Estado de México es relevante para lograr una estrategia conjunta en transporte, empleo, agua, movilidad y vivienda.

La Secretaría de Desarrollo Urbano e Infraestructura de la entidad ya inició mesas de diálogo para modernizar su normatividad, con el objetivo de brindar mayor certeza a familias e inversionistas y reducir la discrecionalidad administrativa.

Lo que viene

El PGD concluirá su consulta en marzo. A partir de ahí se elaborará el PGOT y, posteriormente, los programas de ordenamiento para cada alcaldía. Cada documento deberá someterse a nuevos procesos de participación ciudadana y revisiones periódicas.

Los especialistas coinciden en que el éxito dependerá de dos factores:

  1. La calidad y profundidad de la participación ciudadana.
  2. La claridad en las reglas del suelo y en los incentivos para promover vivienda e infraestructura.

La CDMX enfrenta un momento decisivo. Lo que se defina en estos instrumentos determinará el rumbo de una región que comparte agua, transporte, servicios, empleo y vivienda con más de 20 millones de habitantes. La planeación ya no puede posponerse.