El mercado de la vivienda en México cerró noviembre de 2025 con una tendencia positiva sostenida en los precios, reflejo de una combinación de factores económicos, demográficos y estructurales que continúan presionando el valor de los inmuebles a nivel nacional. De acuerdo con el más reciente Indicador Banorte de Precios de la Vivienda, el precio promedio por metro cuadrado se ubicó en 31,397 pesos, lo que representó un incremento anual de 4.9% frente al mismo mes de 2024.

Este comportamiento confirma que, pese a un entorno económico marcado por cautela en el consumo y ajustes en el financiamiento, la vivienda sigue mostrando una resiliencia notable. Según el análisis elaborado por la Dirección de Análisis Económico y Financiero de Grupo Financiero Banorte, el aumento responde, en buena medida, a la evolución de los ingresos laborales y a una demanda habitacional que se mantiene activa en las principales zonas urbanas del país.

Estados con precios por encima del promedio nacional

El reporte señala que seis de las 15 entidades analizadas registraron precios promedio por metro cuadrado superiores a la media nacional. La Ciudad de México se mantuvo como el mercado más caro del país, con un valor promedio de 57,975 pesos por m², seguida de Nuevo León, donde el precio alcanzó los 53,864 pesos por m².

En el mismo grupo se ubicaron Jalisco, con 46,812 pesos por m²; Sinaloa, con 42,355 pesos por m²; Baja California, con 39,849 pesos por m²; y el Estado de México, con 38,440 pesos por m². Estas entidades concentran buena parte de la actividad económica, industrial y de servicios del país, lo que incrementa la presión sobre el suelo urbano y, en consecuencia, sobre los precios de la vivienda.

Variación mensual moderada, pero generalizada

En comparación con octubre de 2025, el precio promedio nacional registró un avance mensual de 0.2%, una variación moderada que, no obstante, confirma la continuidad de la tendencia alcista observada a lo largo del año. Banorte destacó que este crecimiento mensual se explica por la dinámica positiva del mercado laboral y por una demanda que, aunque más selectiva, no se ha contraído.

La mayoría de las entidades incluidas en el indicador mostraron incrementos mensuales en el valor de la vivienda. Hidalgo destacó como el estado con el mayor crecimiento en este periodo, con una variación positiva de 1.6%, lo que sugiere un mayor dinamismo en mercados regionales que históricamente habían mostrado menor presión en precios.

En contraste, Nuevo León registró la mayor disminución mensual, con una caída de 0.8%, un ajuste que analistas interpretan como un comportamiento puntual tras incrementos acumulados significativos en meses previos, más que como un cambio estructural en la tendencia del mercado inmobiliario de la entidad.

Una radiografía basada en datos digitales

El Indicador Banorte de Precios de la Vivienda se construye a partir de técnicas de web scraping, lo que permite recopilar y analizar información mensual de miles de anuncios inmobiliarios en plataformas digitales. Este enfoque facilita la elaboración de un índice tanto nacional como estatal, ofreciendo una visión más inmediata y detallada del comportamiento de los precios habitacionales.

De acuerdo con Banorte, esta metodología permite identificar cambios de corto plazo y detectar tendencias emergentes en distintas regiones del país, convirtiéndose en una herramienta relevante para desarrolladores, inversionistas, autoridades y familias interesadas en la adquisición de vivienda.

Perspectivas para el mercado

Hacia el cierre de 2025, los datos sugieren que el mercado habitacional continuará mostrando incrementos moderados, especialmente en zonas con alta concentración de empleo, infraestructura y servicios. Si bien la desaceleración económica global y las condiciones de financiamiento podrían limitar crecimientos más acelerados, la oferta restringida de vivienda bien ubicada y la demanda estructural seguirán siendo factores clave en la evolución de los precios.

En este contexto, el comportamiento observado en noviembre confirma que la vivienda en México mantiene su atractivo como activo patrimonial, aun en un entorno de ajustes y mayor cautela por parte de los compradores.