A medida que la renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) se acerca, las tensiones comerciales entre los países de Norteamérica se intensifican. Sin embargo, para Fibra Uno (FUNO), el mayor fideicomiso de inversión en bienes raíces del país, este proceso representa una oportunidad sin precedentes para consolidar a México como el principal beneficiado del nuevo orden económico regional.
En un entorno marcado por amenazas de nuevos aranceles, conflictos comerciales y ajustes en las cadenas globales de suministro, los directivos de FUNO aseguran que México se encuentra en una posición estratégica que lo colocará a la cabeza del desarrollo industrial en la próxima década.
“México va a ser el ganador en este proceso de reacomodo de las cadenas de suministro. En un mundo que ha dejado atrás la globalización para volverse regional, nuestro país está listo para capitalizar esta transformación”, afirmó Gonzalo Robina, director general adjunto de FUNO.
Ventajas que colocan a México en el centro del mapa productivo
Robina explicó que la ubicación geográfica es uno de los principales factores que consolidan a México como la pieza clave de Norteamérica. Compartir más de 3,000 kilómetros de frontera con el mayor mercado de consumo del mundo —Estados Unidos— le permite reducir costos logísticos y responder más rápido a las necesidades del comercio internacional.

Además, la mano de obra joven, calificada y competitiva refuerza las ventajas del país frente a otras regiones. A diferencia de Asia o Europa, México combina proximidad, talento y estabilidad en costos laborales, condiciones que lo perfilan como el futuro centro manufacturero de la región.
“Si observamos la región de Norteamérica, el 85% de lo que producimos lo consumimos entre nosotros. Eso significa que tenemos un ecosistema económico autosuficiente, y México será el gran fabricante de ese sistema”, destacó Robina.
El directivo subrayó que esta posición no solo beneficiará al sector industrial, sino que detonará un efecto multiplicador sobre otras áreas de la economía como la vivienda, el comercio, los servicios y la educación.
La infraestructura, clave para aprovechar la oportunidad
Para que el país logre capitalizar su potencial dentro del T-MEC, será fundamental invertir en infraestructura de transporte, energía y logística, afirmó Jorge Pigeon, vicepresidente de Mercados de Capital y Relación con Inversionistas de FUNO.
“Sí tenemos infraestructura, pero se nos va a quedar corta ante la oportunidad que viene. Hay que invertir en carreteras, puertos, transmisión eléctrica y energías limpias. La mesa está puesta, pero debemos fortalecerla”, explicó Pigeon.
El ejecutivo mencionó que el Plan México impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum plantea una estrategia clara para detonar este desarrollo, alineando proyectos energéticos y de movilidad con el crecimiento industrial del país.
Pigeon comparó el escenario actual de México con el que vivió China a inicios del siglo XXI, cuando su incorporación a la Organización Mundial del Comercio (OMC) la transformó en la “fábrica del mundo”.
“China invirtió masivamente en infraestructura, educación y energía. Lo mismo puede pasar con México si aprovechamos el nearshoring y el reordenamiento del comercio global. Tenemos la oportunidad de ser una gran fábrica para el mundo”, apuntó.
El impacto en los sectores inmobiliario, industrial y residencial
De acuerdo con FUNO, el sector industrial será el primero en reflejar los beneficios del nuevo acuerdo comercial, gracias al crecimiento del nearshoring y la llegada de nuevas plantas manufactureras. Sin embargo, el efecto se extenderá progresivamente a otras industrias.
“El primero que lo va a notar es el sector industrial, pero luego vendrá un crecimiento generalizado: habrá más demanda de vivienda, servicios, escuelas, hospitales y centros comerciales”, indicó Robina.

Esto significa que la expansión económica derivada del T-MEC tendrá un impacto transversal, creando empleos y mejorando la calidad de vida en múltiples regiones del país. FUNO estima que este proceso tomará entre 10 y 20 años, tiempo durante el cual México podría consolidarse como una potencia productiva regional.
Una visión de largo plazo para el desarrollo de México
Ambos directivos coincidieron en que, más allá de los retos inmediatos que plantea la renegociación del T-MEC, la verdadera oportunidad está en fortalecer la capacidad interna del país. La apuesta, subrayan, debe centrarse en infraestructura, educación técnica, energía sostenible y vivienda accesible.
“Estamos frente a un cambio estructural. México tiene todo para ser el gran beneficiado del T-MEC, pero depende de que invirtamos hoy en las bases que sostendrán ese crecimiento durante los próximos 20 años”, concluyó Robina.
Con una economía en transición y una posición estratégica dentro del bloque norteamericano, México se prepara para convertirse en el corazón manufacturero y logístico de América del Norte, impulsando el desarrollo industrial, comercial y urbano de una nueva era.