El mercado de la vivienda en México atraviesa una crisis marcada por la falta de suelo urbano habilitado y los altos costos de construcción, factores que han reducido de manera drástica la edificación de hogares accesibles para la mayoría de la población. Aunque en 2025 el sector mostró cierta recuperación, con 84,327 unidades formales construidas entre enero y agosto, las cifras siguen muy por debajo de los niveles previos a la pandemia, cuando en 2019 se alcanzaron 113,274 viviendas en el mismo periodo.
De acuerdo con datos del Registro Único de la Vivienda (RUV), el déficit golpea con mayor fuerza a los segmentos económico y social, aquellos con valores por debajo del millón de pesos. Gene Towle, director general de la consultora Softec, explicó que esta problemática tiene raíces estructurales: desde el sexenio de Enrique Peña Nieto, cuando se definieron los polígonos de contención urbana, dejó de incorporarse suelo con servicios básicos y se redujo la inversión en infraestructura, lo que hoy limita la producción de vivienda asequible.
“El problema no es la falta de demanda, sino la imposibilidad de ofrecer vivienda barata en las ciudades. Los municipios y alcaldías no han invertido en habilitación de tierra, lo que vuelve inviable la construcción económica. Solo grandes empresas con experiencia, como Javer, Ara, Sadasi o Ruba, logran mantener proyectos en estos segmentos”, señaló Towle.

Diferencias regionales en el desarrollo
La crisis de producción de vivienda no es homogénea en el país. Nuevo León se mantiene como la entidad con mayor número de viviendas edificadas, con 10,295 unidades que representan 12.2% del total nacional. Jalisco ocupa el segundo lugar con 8,820 viviendas, seguido de Quintana Roo con 6,088.
En contraste, entidades como Campeche y Guerrero apenas lograron levantar menos de 50 viviendas en lo que va del año. El caso más crítico es la Ciudad de México, donde la demanda anual ronda las 60,000 viviendas, pero hasta agosto de 2025 solo se construyeron 884. Según Towle, la caída está vinculada a una política restrictiva en la expedición de permisos: “De 1,500 licencias de construcción que se otorgaban cada año, hoy se autorizan menos de 200. Esto ha generado una política de expulsión de habitantes hacia la periferia”.
En ciudades como Monterrey, Guadalajara y Cancún sí se observa mayor dinamismo, pero enfocado en proyectos con precios superiores a un millón de pesos, lo que deja de lado a quienes buscan alternativas más económicas.
El reto de la Vivienda del Bienestar
Frente a este escenario, el programa de Vivienda del Bienestar, impulsado por el gobierno federal con el objetivo de construir 1.8 millones de hogares durante el sexenio de la presidenta Claudia Sheinbaum, aparece como una opción para reducir el rezago. Sin embargo, expertos advierten que el éxito de la iniciativa dependerá de garantizar primero la disponibilidad de suelo urbano con servicios.

“Es muy positivo que exista un programa nacional que impulse la producción, pero si no resolvemos el acceso a tierra adecuada, la meta se volverá inalcanzable. También preocupa la centralización de decisiones y cómo se implementa en los estados y municipios”, advirtió Towle.
Participación ciudadana, clave en la solución
El especialista destacó que la solución no solo depende de la política pública, sino también de la colaboración social. La supervisión ciudadana y la cooperación entre autoridades, desarrolladores e instituciones financieras serán fundamentales para superar la falta de vivienda accesible.
“Hace falta vivienda barata en muchos lugares del país, pero también depende de nosotros como sociedad vigilar cómo se llevan a cabo los programas y participar activamente en su desarrollo”, concluyó Towle.
La crisis de vivienda en México, marcada por la escasez de suelo y la burocracia, requiere medidas estructurales que permitan ampliar la oferta en el segmento económico y social. De lo contrario, el déficit continuará ampliándose, afectando principalmente a los sectores con menor poder adquisitivo.