Los ingresos por arrendamiento y renta de propiedad han disminuido drásticamente en los hogares mexicanos durante los últimos ocho años, alcanzando su punto más bajo desde 2016. De acuerdo con los datos más recientes de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024, publicada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), las rentas apenas representaron el 4.9% del ingreso corriente total de los hogares, una caída sustancial si se compara con el 8.9% registrado en 2016.
Este retroceso representa una disminución del 38.3% en términos reales en los ingresos trimestrales promedio por hogar provenientes de la renta de la propiedad, que pasaron de 6,217 pesos en 2016 a 3,834 pesos en 2024.
Las rentas, la fuente más golpeada del ingreso familiar
La renta de la propiedad fue la fuente de ingreso con la mayor disminución relativa entre todas las categorías analizadas por el Inegi. Mientras otros ingresos como las transferencias (subieron 26.5%) o los ingresos por trabajo (crecieron 13.2%) mostraron avances durante el periodo 2016-2024, los ingresos pasivos derivados de la posesión o uso de activos tangibles y financieros se contrajeron severamente.

La caída de los ingresos por renta se debe principalmente a dos factores:
- Disminución de ingresos por cooperativas, sociedades y empresas: Estos recursos, que se generan a través de la participación en sociedades como accionistas o socios, cayeron 43.3% en los últimos ocho años. En 2016 representaban 5,396 pesos trimestrales por hogar, pero en 2024 se redujeron a solo 3,060 pesos. Este rubro, aunque menos visible que el arrendamiento de inmuebles, constituye casi el 80% del total de ingresos por renta de la propiedad.
- Caída de arrendamientos de activos tangibles y financieros: Incluyen rentas por propiedades inmobiliarias y otros activos. Este componente disminuyó 5.7% entre 2016 y 2024, pasando de 821 pesos a 774 pesos trimestrales por hogar. No obstante, en el periodo más reciente (2022-2024), registró una leve recuperación del 5.7%, lo que sugiere cierta estabilización.
Aun así, los arrendamientos representan apenas el 20.2% del total de ingresos por renta en 2024, lo que refuerza su pérdida de peso dentro del ingreso global de las familias.
Brecha urbana-rural: desigualdad en crecimiento
La disparidad entre las zonas urbanas y rurales también se ha acentuado en lo que respecta a los ingresos por rentas. En 2024, los hogares urbanos percibieron en promedio 4,359 pesos trimestrales por renta de la propiedad, en contraste con los 1,795 pesos que obtuvieron los hogares rurales. Esta diferencia de 2.4 veces supera incluso la brecha registrada en 2022, cuando los ingresos rurales alcanzaban 2,858 pesos.
Mientras que en áreas urbanas las rentas crecieron 11.8% entre 2022 y 2024, en zonas rurales se desplomaron un preocupante 37.2%. Esta contracción golpea aún más a los hogares rurales, donde las rentas ya eran una fuente marginal de ingresos, debilitando su economía doméstica y reduciendo su capacidad de inversión o ahorro.
El ingreso corriente promedio trimestral en localidades urbanas fue de 85,550 pesos en 2024, comparado con 48,004 pesos en las rurales, lo que muestra una brecha estructural que va más allá de las rentas.
¿Una tendencia estructural?
Los datos de la ENIGH confirman que el debilitamiento de las rentas como fuente de ingreso no es un fenómeno coyuntural, sino una tendencia estructural de largo plazo. Entre 2016 y 2024, mientras que el ingreso total de los hogares mexicanos creció 10.8%, los ingresos por renta se redujeron en casi todas sus formas.

El impacto de eventos como la pandemia de COVID-19 se hizo sentir en el periodo 2018–2020, con una caída del 13.6% en los ingresos por renta. A partir de 2022, hubo una recuperación parcial del 4.8%, pero aún muy por debajo del nivel previo.
Hoy en día, los hogares mexicanos reciben en promedio solo 42.6 pesos diarios por rentas, frente a los 567.8 pesos por trabajo asalariado y 153.3 pesos por transferencias gubernamentales, incluyendo apoyos sociales.
Implicaciones
Esta transformación de los ingresos familiares tiene varias implicaciones. Primero, refuerza la dependencia del empleo asalariado como fuente principal de sustento económico. Segundo, pone en evidencia el menor dinamismo del mercado inmobiliario como generador de ingresos pasivos, lo cual podría estar relacionado con el encarecimiento de las viviendas, la informalidad en el arrendamiento, o incluso la migración de capitales hacia otras formas de inversión más rentables.
Además, el declive de las rentas sugiere una posible desaceleración en la acumulación patrimonial entre las clases medias y bajas, lo cual podría agudizar las brechas de riqueza en el país.
En definitiva, los resultados de la ENIGH 2024 apuntan a un cambio profundo en la estructura económica de los hogares mexicanos, donde el arrendamiento y la renta de la propiedad, antes considerados pilares del ingreso pasivo, se han convertido en fuentes marginales frente al trabajo asalariado y las transferencias sociales.